viernes, 25 de marzo de 2016

Auschvitz-Birkenau, 20 de marzo


Una sola palabra, una sola,
vale para olvidar el dolor.
Hoy, 20 de marzo,
una brisa fría me trae
el rumor de los pájaros
y el olor a madera
de los barracones
fielmente reconstruidos.
Las cámaras fotográficas
de los turistas
captan el sosiego de la tarde
y el inicio de la primavera.
Banderas de Israel
envuelven cuerpos jóvenes
como sudarios sin fruto.
En el apeadero de Auschvitz-Birkenau
mis huellas se confuden
con otras de hace cuarenta,
cincuenta años.
Las suaves lomas despejan
un horizonte propicio al amor.
Una sola palabra basta,
una sola,
mientras observo una sudadera
de Nike sobre la que se dibuja
como producto del azar
un alambre de espino.
¿He venido aquí para ser hombre?
Una palabra sola,
la razón de ser,
lejos de la fuente de la tristeza.
Guías turísticos se explican
en inglés, en italiano, en alemán,
en español, en hebreo.
Las palabras, una sola,
cansadas como los cuerpos.
Es la hora de volver:
la primera foto de la primavera.