sábado, 15 de diciembre de 2012

Poema: 'El sueño del vigilante'


Velabas las noches
con un libro en las manos,
la radio siempre cerca,
mientras el frío hacía crujir
los cristales que resistían la helada
en un festival de sonidos a punto
de astillarse.
Fueron dos años, dos meses
y no sé cuántos días.
Llevabas la cuenta porque eras
demasiado joven y cada jornada
arañada al calendario suponía
un riesgo hurtado a la alegría.
Las noches eran largas
y la soledad, que al principio
te inquietaba, se convirtió
en compañera inseparable.
Cuántos sueños soñaste
en duermevela, mientras llegaba
la hora del nuevo día;
cuántas hojas manchaste
de palabras que, leídas hoy,
te causan cierto rubor infantil,
aunque conserven algo de verdad
en su fondo.
Hasta un poeta con nombre y libro,
que tú creías figuras mitológicas,
compartió contigo algunas madrugadas
y te dedicó versos hoy perdidos.
Diecinueve años. La misma semilla
pero distinto sabor.
Algunas noches fijabas la mirada
en el teléfono y esperabas que alguien
rompiera la madrugada con su voz.
Aquella vida acabó,
sombras humanas hundidas
en su fracaso –como el tuyo-
que ni siquiera te llamaron amigo
en el quiebro de las casualidades.
Hoy, recuerdas aquello sin nostalgia;
solo ansías aquel silencio,
la soledad de tu jaula
de cristal, los ascensores
descargados en la planta baja.
Desde la azotea, la ciudad
era un sueño borroso
de coches y siluetas en las ventanas,
mientras seguías allí solo,
alegre entre tanta tristeza,
hasta de ti mismo incomprendido.
Difícil quitarse la máscara,
no decir una palabra más alta
que la otra, ser solo
entre los hombres.
Hoy, aún velas las noches,
aún recuerdas a aquel poeta
y sus versos olvidados;
y la eterna noche fría,
los camiones de reparto,
las parejas dándose el último beso
en el portal,
el metro de vuelta a casa,
un viaje larguísimo.
Y, en casa, soñar un segundo sueño,
que nadie me despierte,
que nadie moleste a aquel joven
que buscaba, sin conseguirlo,
detener el tiempo con una palabra.

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